domingo, 29 de abril de 2012

Cuando tomo el auto pienso; sería tan fácil pasar al otro lado. Podría tomar el volante, apretar el pedal y enfrentarme cara a cara al miedo mas profundo. Sería tan fácil... ¿Por qué le tenemos miedo?
No me importa, quiero ser egoísta esta vez, tomarte de la mano, raptarte si es necesario, lo que sea para charlar, tomar un café y tal vez besarte al final. 
Me emputece el tiempo pasado, así como creer lo que nunca es, como por ejemplo decir que amé la forma de ser, con un toque de no-se-que que la razón nos invita a llamar locura, más yo prefiero acercarme a eso, incluso seducirla.
Ahora... como hacerte llegar un mensaje, si nada es claro, si nunca hablamos, y pensar que nunca lo hicimos, quiero descubrir que hay por esa calle en la que un poco contaste como las casas podrían ser.
Y como insulté a esa engreída, ¿Qué demonios se cree privándome de mis deseos?,
está sucia, avara y podrida. Vieja por lo demás, con el corazón marchito y exhausto.
Como deseo terminar su patética existencia, ahogándola, quizá degollándola o de la forma que sufra más. No importa, quiero que se vaya, que me libere y entregue todo lo que antes pude sentir, vivir, oír o amar.
¿Cómo podría quitarme mi propia existencia?