lunes, 24 de octubre de 2011

Sostiene su mano Irene, lee con voz suave los diarios que sobre su rostro arrojó.
El tono intransigente recita por sobre sus pensamientos una verdad inequívoca, mientras Boris intenta no desfallecer.
Que el silencio del mundo destruyéndose no sea violado, que sus rezos con ojos cerrados pronunció. "No se la verdad, tampoco la quiero" 
Sobre su hombro apoyado, escuchaba el poema, que a medida que avanzaba se tornaba más incómodo; la verdad se le escapó entre los dedos. Boris despertó.

29/06/2011

domingo, 23 de octubre de 2011

Debería retomar esto, mañana quizá, o pasado, cuando tenga algo de tiempo.
También debería cambiarla el nombre.
adios!