sábado, 16 de abril de 2011

Ficción

Y la ficción cerró, creo que el negocio no dio para más.
Decidió, entonces, despertar.
Se vio nuevamente entre los lazos invisibles de la monotonía.
Abrió una vez más sus ojos, quería rezar sobre los pasados cercanos,
pero su tumba jamás encontró. Lloró.
Tal vez un dios desconocido se apiado de su alma moribunda,
lo dejó en un ricón, donde pudiese descansar.
Nuevamente los cerró.
Quería saber donde estaba, me perdí en sus ideas fugaces.
Lo encontré en un invierno lluvioso, con los ojos pegados a un vidrio empañado,
donde la niñez se separaba de su cuerpo.
Recordó sus memorias y todo lo que alguna vez pudo decir sobre si.
Deseo tener lo que no tenía, sólo para darse cuenta que no lo necesitaba.
Lo perdí otra vez, divise paisajes y rostros que nunca conocí, lo encontré
más tarde entre sus brazos, rogaba al mundo que los deseos perduraran.
Por ese minuto el cielo no importaba, era feliz.
Entendió entonces,

La ficción nunca es necesaria cuando se tienen fantasías de la mano.
¿Para qué imaginarlo entonces?

No hay comentarios: