jueves, 18 de febrero de 2010

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No es lo que las imágenes presagiaban, ni lo que las estrellas soñaban, el sol se escondía y la luna no salía. Es que nadie ya quería ser testigo de semejante situación. Esos ojos que con un brillo intenso clamaban un poco de paz entre todos, retorcía mi mente con ruegos que no logro comprender, le gustaba sentir el frío que provoca con esas palabras ardiendo y por sobre todo saber que ya los caminos se me agotaron.
Ni las fuerzas quedan para sostener otra batalla, solo veo la bala en su cabeza y unos sueños por dispararla, agonizante quedaría y con lágrimas me diría todo lo que en su vida pudo decir, eso es lo que dicen los últimos segundos o eso es lo que cuentan los viejos.
Y si al fin pudiera dar a luz este ínsipido ser, con inefables características y fuera de este mundo para los demás, sería maravilloso poder vislumbrar frente a frente, que todas aquellas noches en las que un cielo negro infinito nos llevó, sólo eran ánimas que en un capítulo inconcluso quedarán.

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